jueves

Gómez Palacio

Se parece a Monterrey. Torreón también.  En realidad, ambas pudiera ser una misma ciudad. Las divide un río seco tal como a nosotros. Tienen sus zonas feas, como nosotros. Sin embargo, lo que más me dolió ver fue que en sus calles dejan de transitar peatones y coches. Como en la mía.

No había ido a la Comarca desde la vez que fui a hacer una serie de materiales sobre trata de personas. Ahí entrevisté a las madres de dos de ellas y a una jovencita que logró escapar de sus captores tras meses de secuestro y explotación sexual. Aún me conmueve pensar en el relato del padre de ella, quien la buscó junto a su mujer sobre una motocicleta en innumerables lugares, muchos, nidos de pillaje.
Llego para cubrir un mitin de EPN. Antes, parada en un hotel de lujo con el resto de los reporteros. Los priistas se pasean confiados, todos enfundados en sus camisas blancas bordadas con las siglas del candidato. De ahí nos trasladamos a su reunión con empresarios. Ya a estas alturas, primer día del tercer mes de campaña, la oralidad de EPN luce todavía más acartonada, más en automático. O quizá siempre ha sido así. La reunión concluye con un aire sin pena ni gloria. Los empresarios, en voz de una simpatizante del PRI, piden ayuda ante los estragos de la sequía y los de la violencia.  El candidato promete apoyo.

Tres días después, un comando asesinó a 11 internos de un centro de rehabilitación.
Acompaño a los reporteros a una comida previo al mitin vespertino. Ahí, en ese restaurante donde me aburrí como las piedras ante las charlas de los compañeros, perdí por primera vez una grabadora, mi primer digital y la que me acompañó en muchísimas batallas. ¿Cuántas voces quedaron ahí registradas? Casi todos mis perfilados pasaron por ella. Me embargó la pena.

Por la tarde, mitin en un jacalón espantoso al que los de la Comarca llaman con el pomposo Expo Gómez Palacio. Miles de jovencitos, muchos aún sin edad de votar, retacaron aquel espacio en el que no había pasillos para reporteros. Era un horno, los chavos estaban perfectamente domados para el recibimiento y yo me esmeraba por que la coordinadora de prensa entendiera mi malestar en medio del griterío. El PRI apuesta todo en sus eventos, incluso llenando de almas espacios reducidos, a riesgo de un desastre, o apresurando a sus acarreados. Como en Campeche, donde un autobús se precipitó desde un paso a desnivel matando a uno de los pasajeros, un trabajador de Pemex, en esta ocasión fueron tres los acarreados muertos en un accidente debido a que estalló la llanta de una camioneta. Eran apenas unos jovencitos.

Ni siquiera le vi la cara al candidato, hundido como estaba entre acarreados, reporteros de otras partes (que mientras aguardan el boletín acuden al evento únicamente para curiosear). El sonido era pésimo, el candidato se dedicó a gritar promesas seductoras y, ya muy al final, como antes de que se le olvidara, envío el pésame a las familias de los jovencitos muertos. Vaya consuelo.

No hablo de cansancio. Hablo de que no hay alma en estas campañas.

Me pregunto si alguna vez la hubo. Me han contado las giras de CCS, las primeras de AMLO. La encargada de comunicación, antes reportera, nos contó las giras pueblo por pueblo de JOLOPO. A ella, por cierto, le tocó llegar al hospital donde fue trasladado LDC cuando le dispararon y también cuando asesinaron a JFRM. Qué manera de vivir la política. Al poco, sin embargo, olvidé la charla.

Me consoló ver a Pascual y a Martin esperándome para llevarme a Monterrey. Ver gente querida me devolvió el aire. Conversamos en el camino, finalmente dormí hasta despertar frente al Puente Atirantado y en unos minutos ya me encontraba abrazando a los míos.
Sólo pasé un día completo con ellos.

miércoles

Entre migrantes


15 de junio
(Con José David Estrada y Gerardo Romo)

Zacatecas.- Los acarreados, provenientes de Guadalupe, Villa Garcia, Sombrerete, Fresnillo, centro político del estado, y la capital Zacatecas, entre otros, empezaron a ser bajados en el Bulevar López Mateos a partir de las 15:00 horas. Las mujeres y los niños cargan con su bolsita de frutsis o mirindas, su torta y una naranja. Los hombres, con aguas. Llegan dóciles, informados de que la hora era las 17:00 horas, pero AMLO empezaría a hablar hacia las 18:40.

Hay mineros entre los asistentes a la Plaza Bicentenario. Apoyan a Napoleón Gómez Urrutia, líder exiliado al que el propio candidato presidencial de la izquierda ha pedido que se le dé un trato justo.

Desde los primeros momentos, los animadores hacen énfasis en la presencia juvenil. De hecho, son numerosos los chicos hasta los niños que, a la menor insinuación, gritan "¡Obrador, Obrador!".

Entre los asistentes es notoria, aunque en menor proporción, la gente que llega por iniciativa propia y también de Aguascalientes.

También hay migrantes, para los que López Obrador tuvo escasas palabras, siendo Zacatecas entidad expulsora. Sebastián Herrera, uno de ellos, presente en el cierre de campaña, lleva de ilegal ocho años en Nueva York y vino a Guadalupe para visitar a su madre, enferma de la vista.

"Voy a votar por él", afirma el hombre, de cabello y bigote teñidos de rubio, quien labora en una tienda de ropa en Manhattan, y enseguida sonríe. "Mi mujer y mis hijas van a votar por Peña Nieto, pero yo les digo que están pendejas, que ése es puro cabrón".

Esteban Ramos, trabajador ilegal en un restaurante de Arizona, no piensa lo mismo de Peña, pero también votará por AMLO porque "ya fue mucho".

"El PRI y el PAN no han hecho nada por el pueblo. Yo hace hace un año, fíjese, enviaba 150 dólares por semana, pero ahora tengo que enviar 230 y la familia ya me está pidiendo más dinero para el jueves o viernes. ¿Qué pasa en México?".

Y agrega, quizá profético: "todos los que conozco que viven en Estados Unidos votaron por López Obrador".

En eso, llega una cabalgata proveniente de Morelos, en apoyo a AMLO. Se aventaron cuatro horas y eran más de 250 los jinetes.

El candidato la senado David Monreal, hermano del polémico ex gobernador y hoy coordinador de la campaña presidencial, llega al frente de la cabalgata. Llega muy gallardo, incluso ignorando las manos de quienes lo quieren saludar. Alguno de los jinetes revelará a las espaldas del hermano del hombre fuerte de la izquierda, o propiamente del PT en Zacatecas, que aquél no hizo las cuatros horas de recorrido, sino que se incorporó a las orillas de la capital.

"Nomás pa lucirse el cabrón", dice el jinete, quien aguarda el arribo de AMLO. De hecho, en el mitin anterior, en Durango, el candidato de la izquierda criticaría paradójicamente a los gobernantes "fantoches" que hacen cabalgatas.
 
En el mitin, AMLO daría el encabezado de una de las notas principales del día siguiente: "El puntero soy yo". El resto sería historia.
 
FOTO: GERARDO ROMO



lunes

El guardián entre partidos distintos


6 de junio

CUAUTITLÁN IZCALLI.- Andrés Manuel López Obrador tomó la bolsa con caramelos que alguien le pasó y, entrecerrando los ojos, leyó la propaganda priista de la elección estatal pasada: “Cumplimos con tu alegría”.

“¡Esto ya caducó!”, dijo tras despegar la mirada pilla del envoltorio, provocando aplausos, risas y vivas entre los asistentes a su mitin en Cuautitlán Izcalli, uno de los 97 municipios que domina el partido tricolor de los 125 que tiene Estado de México, su mayor bastión en el País.

“¡El PRI ya caducó!”, expresó. Antes, el abanderado de la izquierda, cuyos partidos apenas si gobiernan una decena en esta entidad, entusiasta por la pasada encuesta de REFORMA, declaró que el aspirante presidencial del PRI Enrique Peña Nieto “va en picada”.
“¡Va en picada, todos los días!”. En eso, los cuetes tronaron en lo alto de la explanada en la que se realizó la reunión, frente al Palacio Municipal, un edificio de seis pisos empequeñecido, por un hospital, un cine, una tienda departamental y un restaurante, y desde cuyos ventanales se veía un montón de burócratas curiosos.

“¡Nosotros vamos para arriba!”, gritó, lo que hizo que el sudoroso conjunto The Luke Bands, en la parte baja del escenario, ejecutara fanfarrias y, la gente, traída desde las 10:00 horas en autobuses rentados por los comités del PRD, PT y Movimiento Ciudadano desde Cuautitlán y de otros poblados como Teoloyucan, Melchor Ocampo, Tlalnepantla y Atizapán, lo celebrara.
Arriba, con AMLO, los candidatos y dirigentes de los partidos que los respaldan, pero que no van juntos en las contiendas locales, sonríen aunque no hablan mucho entre sí. Agustín, de Movimiento Ciudadano, dice que si todos hubieran ido juntos en las elecciones estatales, les arrebatarían fácil los cargos al PRI, que por cierto en las principales candidaturas de Cuautitlán contienden puros chapulines: el aspirante a la presidencia municipal saltó de una diputación local; otro, saltó de local a aspirante federal, y el federal, a local.

“¿Cómo te explicas, además, que en el PRD reciclen candidatos de otros partidos?”, se pregunta Agustín, a menos de un mes de la elección. “Ahí está Pedro Castañón, candidato a alcalde que se vino porque en el PAN no le dieron oportunidad.

“Nosotros, en cambio, tenemos ciudadanos, gente de izquierda, y ahí está nuestro candidato: Venancio Cabrera”, afirma sobre un sujeto de mirada atribulada, traje y que presume el cargo de doctor, cuya foto aparece en una manta. Otro dirá que qué pasó, somos distintos, los del PT son de izquierda radical, en tanto los del PRD son los moderados. Total.

Agustín, que luce rasguños en la cara por problemas “con una dama”, no ve posibilidad de triunfo entre los candidatos locales: “Se hubieran unido todos, porque aquí el PRI está fuerte”.

Y visible aún la división entre ellos, no así a la hora de respaldar a AMLO. Sin embargo, la muestra de horizontes distintos en el mitin es palpable: al frente del escenario principal hay uno más pequeño, del PT, con puros simpatizantes. Más allá, un tráiler con propaganda del mismo partido.

Cuautitlán pinta en el panorama estatal: no rebasa los 500 mil habitantes, menos de 300 mil en edad de votar, en tanto Edomex tiene poco más de 15 millones, con ciudades importantes como Toluca, Tlalnepantla, Ecatepec, Naucalpan, entre otras.
“Izcalli pinta como pintan todos los pueblos que pisa Andrés”, advierte un dirigente local. “Él se va de pueblo en pueblo y, ai’ como lo ves, va ganando gente.

“Para nosotros, ninguna plaza está perdida”.

Sin embargo, es la norma más que la excepción ver en los mítines de AMLO pancartas y pendones de partidos opuestos, con sus respectivos candidatos para los mismos cargos y a los que no se les ve conversar. Quizá sensible a esto giró el mensaje de unidad del candidato al Senado Emilio Ulloa, de voz rabiosa y militante de Convergencia, ése que en un mitin en Chimalhuacán dijo que él viviría con la mitad del sueldo y la gente le gritó que se bajara más, lo que ignoró.

En Chimalhuacán, por cierto, AMLO reunió a la misma cantidad de gente que en Cuautitlán. Según cifras oficiales, en el de ayer había alrededor de 12 mil, aunque empleados de la Presidencia Municipal estimaron menos de 8 mil. Lo mismo se dijo en Chimalhuacán.

“Hay más gente que hace seis años, eso sí”, cuenta uno de los acarreados, de Tlalnepantla. “No muchos, pero sí hay diferencias”.

A Ulloa siguió Alejandro Encinas, quien recordó que mientras un hospital construido por el PRD en Iztapalapa costó 300 millones, uno en Zumpango, construido por priistas, costará al erario, porque aún se sigue pagando, 10 veces más.
“Con lo que se construye un hospital en el Estado de México, en el DF hacemos 20”, citó sin aclarar el baile de cifras.

AMLO, quien agradeció la presencia “de tanta gente pese al día y la hora”, once de la mañana, entró de lleno contra Peña: que qué poco cree en su palabra para que firme todo ante un notario.

“Díganle a los priistas que voten por el notario”, provocó y la gente le celebró la ocurrencia. Luego, el aspirante presidencial festejó la participación de los jóvenes.

“Todo se precipitó hace un mes”, dijo al citar el despertar juvenil. “¡Vivan los estudiantes de la Ibero, del Tec, de la UNAM, del Poli!”.
Que cuiden las casillas el día de la elección y que convenzan a cinco más por su opción, convocó.

“Me dijo uno la otra vez: ‘cuente con mi voto’. ‘No, si eso ya lo sé, pero haz trabajo con tus amigos y vecinos’”, le pidió AMLO, quien agregó que ya está en reedición la guerra sucia del 2006, por lo que aun cuando se dicen estar arriba en las preferencias, exhortó a ganar con amplio margen.
“Me voy a convertir en el guardián del presupuesto, en el guardián del dinero del pueblo”, exclamó a la hora de anunciar supuestos recortes, “porque tenemos un gobierno mantenido y bueno para nada”.

Aplausos de los partidos opuestos.

Terminó el mitin después de que AMLO, el autonombrado nuevo guardián del pueblo, lanzara vivas no sólo a los estudiantes, sino a los periodistas. Antes de bajar y de la batalla silenciosa de banderas de distintos partidos, más del PT, que ondearía sobre el escenario, reiteraría lo de la guerra sucia y, eso sí, se despediría del elenco eterno de apoyos distintos.

Con AMLO, por lo menos aquí, casi todo es igual a hace seis años.  Incluso la duda de cómo gobernaría entre aquella diversidad.

Lluvia de tierra


1 de junio

GÓMEZ PALACIO.- Se acababa de ir la lluvia lagunera, ese fenómeno terroso que suele cubrir Gómez Palacio y que viene del norte para barrer aún más con la ya de por sí barrida ciudad duranguense, pródiga en industria e inseguridad, cuando arribó Enrique Peña Nieto al Centro de Convenciones Posada del Río.
“Podrían prender el aire, hace calor”, pidió el candidato del PRI a la Presidencia. Lo acompañaba su esposa, la actriz Angélica Rivera.

La reunión fue con empresarios laguneros: Alonso Ancira, de Altos Hornos; Fernando Alanís, de Peñoles, entre otros, de acuerdo al equipo de prensa. No parecía que tal alcurnia estuviese en aquel saloncito, al que por cierto le quitaron sillas porque muchos no llegaron. AMLO diría: reunión de machuchones y señoritingo, pero más allá de lo chusco la realidad es que estos empresarios ya decidieron por quién votar. Curiosamente, no hubo fuerzas federales, menos militares, en los alrededores, acaso dos camionetitas de la policía local.
Adentro, se podía apreciar entre los asistentes a las jovencitas y mujeres entalladas que suelen estar en los eventos del candidato del PRI a la Presidencia y que lo único que buscan es que las vean y una foto.

La que los representó a todos fue Patricia Guerrero, presidenta de Equipos Inoxidables del Norte. Que aunque están acostumbrados a la adversidad, dijo, los laguneros la sufren por todas partes: inseguridad, economía nada favorable, sequía.

Peña se aventó un largo discurso carente de emoción. Casi como leyera sus compromisos publicados en internet, claro, siempre y cuando voten por él. Poco más de 20 minutos, sin mencionar ni una sola vez la palabra “narco”, y ya estaba afuera. Los ricos y personalidades se habrán quedado con las ganas de hablar, de contarle el terror de vivir (o haber vivido, ya muchos se habrán ido) en la Comarca Lagunera.

Sin embargo, de acuerdo a fuentes cercanas, Peña prefirió recorrer instalaciones de una vitivinícola. Seguramente a la misma hora, jóvenes de la agrupación Movimiento Territorial, del PRI, se volcaban rumbo al mitin que el candidato encabezaría en Expo Feria Gómez Palacio. Tres muertos. Éste sería el tercer accidente rumbo a masivos del aspirante priista después del que protagonizaron indígenas en Chiapas y petroleros en Campeche, y en el cual hubo un muerto.

Peña llegó más tarde a la Expo Feria Gómez Palacio, un jacalón al que quién sabe cómo los organizadores metieron casi 15 mil asistentes, la mayoría jóvenes, muchos de ellos aún sin edad de votar. El acarreo, a cargo del PRI estatal y a través de decenas de autobuses y camionetas, les salió a pedir de boca. Por ahí anduvo y se escurrió Baltazar Hinojosa, ex colaborador de Tomás Yarrington y coordinador actualmente de la Circunscripción 1 de la campaña peñista.

El candidato canturreó las porras de las miles de jovencitas que agitaban globos como si viesen a un artista de la tele, que lo es. Incluso, Peña coreó su propio nombre, en tanto La Gaviota lo dejó hacer y contempló con sonrisa estática.
Que faltan 30 días para la elección, dijo; qué éste es el momento decisivo y que las cosas no pasan solas. El candidato apremiaba. Sabe que en algunas encuestas gana, que en otras no la tiene fácil. Pareciera que la etapa “ahora o nunca” ha empezado. Los acarreados, que no sociedad civil, gritan y les truenan los globos en las manos.

Afuera, mientras tanto, presuntos perredistas identificados como universitarios se enfrentaron a puras porras y botes de agua con simpatizantes priistas. El altercado no pasó a mayores.
En el jacalón, pese al ruido ensordecedor de la multitud muy joven que parecía no escuchar sus promesas sino el énfasis de sus palabras, Peña gritó, sudó y se le hinchó el cuello: “¡cerrar filas y a paso firme!”, exhortó. Al final, casi como de protocolo, envió un pésame por los chicos muertos en el accidente y afirmó que, en su memoria, se ganaría la elección. Vaya consuelo.

Después de que muchos acarreados ya se habían ido a los autobuses, como le pasa ya con frecuencia en los eventos, el candidato se fue como llegó: de pronto, entre gritos. Dijeron que en la calle la gente se le atravesaba a la camioneta y que se bajó a acariciar al bebé de un fanático que lo miraba como a un dios.

Y como si fuese algo divino, o montado, a su partida la misteriosa lluvia lagunera cubrió de nuevo la ciudad que, ayer, hoy y después de las elecciones, parece seguirá siendo víctima de la violencia más cruenta en su historia, sin que nadie le diga cuándo llegará a su fin mas que puras palabras huecas, porosas. Como de tierra.

domingo

Con el fuego de la conciliación


28 de mayo

CHIMALHUACÁN.- Es Chimalhuacán, santuario de Antorcha Campesina, movimiento que, para algunos, más que ayudar, subyuga.
Falta media hora para el mitin de Andrés Manuel López Obrador y ya los asistentes suman casi 5 mil. Entre ellos están Pedro y Magdalena, jóvenes, matrimonio con dos niñas encargadas con una tía de ella. También, antorchistas, pero interesados en el candidato de izquierda.

“Si tomas fotos lo madrean”,  dice ella y lo señala a él, quien cuenta que la gente de la líder Marcela Serrano, candidata a presidenta municipal de Ixtapaluca, los tiene bien checados.
“Pero se la pelaron, a ver si ahorita no vienen”, afirma Pedro y mira inquieto hacia la entrada de Lagunilla, la unidad deportiva en la que se llevará a cabo el mitin donde, además de los pendones de AMLO, están los de los candidatos del PT y PRD a la alcaldía: Juan Loreto y Fernando González. Muchos de los asistentes creen que da igual votar por uno que por otro.

Esteban Rodríguez, reportero por afición, dice que Antorcha es el brazo armado del PRI. “Andan muy manitos, pero al rato los de Antorcha los vuelven a extorsionar. Así los han dejado ser”.
Los invitados en el templete llevan media hora de sol y tierra, y el acarreo que se concentra bajo el inmenso toldo está en su apogeo. Banderas rojas, amarillas y anaranjadas por doquier. Hasta los de las prepa 55, de Chicoloapan, se dejan venir con uniformes y recogen cualquier bandera del piso. Su maestro de física, Víctor López, cuenta que ellos acuden al mitin porque quieren y porque en la escuela les gusta fomentar la conciencia social. Bueno.

En eso, llega AMLO. Viene de que le dijeran mesiánico en el Alcázar y, como tal, se comporta. Como trae prisa para que no lo deje el vuelo a Cancún, de corridito reafirma compromisos: comedores populares, apoyos alimenticios para los niños y madres embarazadas, estancias, becas, apoyos para útiles, pensiones, universidades para todos, apoyos para madres solteras y personas con discapacidad, programa de mejoramiento y construcción de vivienda.

“No puedo comprometerme a más, porque nada más son seis años y no soy partidario de la releección”, afirma. “Pero serán seis años intensos, de trabajar no sólo ocho horas, sino 16, 18 diarias”.

También, que no va a desaparecer el Seguro Popular, pero que sí lo hará seguro y popular. Y vuelve al punto de convocar a la gente a que tome todo de otros partidos a cambio de la petición de votos: tinacos, cemento, blocs.

“Hay que expropiarles a estos mañosos todo lo que puedan, porque no es de su bolsa, sino del pueblo,  y a la hora de la hora ¡tengan su voto! ¡No vendan su voto!”.

La gente se carcajea de la mirada y la expresión pillas del de Macuspana. Luego, le tira a Enrique Peña Nieto, su “telenovela que anestesia” y sus vuelos en aviones privados. También, a la compra de votos en Edomex a través de tarjetas.

Como seguramente habrá olido en el ambiente la división que hay en el municipio con el PRI y los de Antorcha, se inclina por el voto útil.

“Voy a desentonar, pero ustedes saben que mi pecho no es bodega: no hay que ver a priistas y panistas como enemigos, yo sé que ustedes tienen agravios, pero pensemos, reflexionemos bien: el problema no está aquí, el problema está arriba, sí, el problema está arriba.

“Miren, aquí en Chimalhuacán, los del PRI y los del PAN están igual de amolados que la mayoría de la gente, no nos peleemos. Hay que buscar la unidad abajo”.

AMLO expresa que a los que realmente mandan en el país les gusta poner a pelear a la gente de banderas distintas.

“¡Puro pleito! ¿Y ellos qué hacen? Moviendo los hilos como titiriteros”.

López Obrador asegura que tantos sus partidarios, como los del PRI y los del PAN sufren por los gasolinazos y la delincuencia.

“Es por parejo, ¿o a poco cuando un ratero roba a alguien le pide su credencial para ver si es del PRI? ¡No! Busquemos la unidad, la corrupción viene de arriba hacia abajo y, si abajo hay mordidas, arriba hay tarascadas”.

Y saltó la liebre: que muchos del PAN y del PRI votarán por él.

“¿O a quién han escuchado, que tenga un poco de luz en la frente, decir que votará por Peña Nieto porque le han convencido sus propuestas? ¡Nadie! ¡Nada, nada!”.

Encendido reitera entonces lo de convencer a cinco personas para que voten por los candidatos de la izquierda, “calladitos, calladitos”, ya que Chimalhuacán es zona difícil, y que no dejen de vigilar las casillas el día de la elección.

Cierre. Himno Nacional de cajón y a volar hacia el aeropuerto. Al mismo tiempo y medio escondida, la pareja de antorchistas se dirige a la salida y se resiste a tomar una y otra vez banderines de la izquierda que les ofrecen simpatizantes.

“Si no es por él, ¿por quién?”, ríe Magdalena ante la pregunta de si le convenció AMLO. 
Falta ver si los dejan.

Gritos y lecciones patrias

25 de mayo
 

DF.- Apenas así. Enrique Peña Nieto llegó muy confiado al segundo piso del Hotel St Regis, donde tendría lugar un encuentro a puerta cerrada con un puñado de representantes de universidades que participaron en la iniciativa Proyecto de Nación, organizado por la revista Líderes, Santander y Universia.
El aspirante presidencial venía muy seguro tras su participación por la mañana en la edición 30 del Consejo Político Nacional de su partido. Más tarde dirá que se mostró “muy duro” con sus correligionarios al pedirles honestidad, transparencia y eficacia.

Antes de su arribo al hotel, la seguridad estaba a todo lo que daba. Arcos detectores, dos revisiones de bolsos, seguridad por aquí por allá. A unos empleados del hotel de plano les ordenaron que pusieran cadenas en las puertas que daban al balcón del segundo piso. No fuera a ser.
Ahí, en un escenario, sentaditos lo esperaban alumnos de la Universidad Autónoma del Edomex, del Claustro de Sor Juana, de la Universidad de Guadalajara y de La Salle, entre otras. Peña saludó con serenidad a los organizadores del evento, que en unos meses recabaron mil 800 propuestas para candidatos presidenciales. Faltan Andrés Manuel López Obrador y Gabriel Quadri. Josefina Vázquez Mota ya fue.

Empezó el evento. Lo que Peña quizá no esperaba era el mensaje de Julio César Ruiz Santos, estudiante de mercadotecnia y negocios internacionales de la Universidad Autónoma de Yucatán, quien inició diciendo que la sociedad civil tiene mayor responsabilidad que el propio gobierno.
"Como yo, muchos otros jóvenes no han decidido por quién votarán, y es que bien lo dice Denise Dresser: 'encontrar la fruta menos podrida es una labor complicada, sobre todo si ya estás hastiado de tanta podredumbre'", señaló.

El priista le dio presuroso un trago a una botella de agua cuando el chico dijo que hoy se vive una era en la que nada debe callarse y que la sociedad mexicana se ha puesto en pie en los últimos meses.
"México no necesita un Presidente: México necesita un líder, un nuevo prócer, extraordinario”, aseveró el chico, “alguien dispuesto a sacrificar los beneficios y los de su partido en pos de la Nación que todos merecemos, con capacidad para conciliar diferencias ideológicas, neutralizar sus propios defectos y renovar la estructura político-social y económica de la nación".

Con buena dicción y énfasis, el joven  dijo que México necesita líderes como Thatcher, Lincoln, o más de lo que en vida representaron Clouthier o Colosio, pero que tiene funcionarios públicos disfuncionales, gobernantes que no saben más que gobernar, sociedades personalistas.
Julio César afirmó que quien gane, tendrá que luchar contra sí mismo, contra sus temores, tentaciones y presiones, y tendrá una vez la grandiosa oportunidad de ser el líder que México necesita, y tal vez, por primera vez en mucho tiempo México habrá encontrado al humanitario que esperaba.

"Porque hasta de las semillas de la fruta más podrida puede brotar un gran árbol", dijo el chico al parafrasear de nuevo a Dresser, crítica de Peña.
El candidato aplaudió con sonrisa congelada y recibió del muchacho las mil 800 propuestas. Ya en el uso de la palabra, el priista mencionó que la juventud es para él la voz del presente y que quiere dar la cara a la sociedad mexicana, pero en particular a los jóvenes.

Palabras que, en buena onda, como dicen los chavos, poco o nada dicen. Lo que el candidato quizá no supo fue que esos muchachos dijeron después que están de acuerdo con las recientes marchas estudiantiles.
Tras la comida organizada por Líderes, en los que de manera gris expuso promesas de campaña y en la que no faltaron los salivosos que se pusieron de pie para aplaudir ante planteamientos como que sólo el PRI puede sacar las reformas o que sólo los agremiados del SNTE decidirán sobre Elba Esther, salida del St Regis y el lugar común de sus últimos días: gritos. Una veintena de peatones que se percataron de su presencia le gritaron “¡fuera!”, “¡títere!” y “¡es un honor estar con Obrador!”.

Sin dar señales de que se hubiera percatado de la improvisada protesta, Peña abordó una camioneta y se fue por Paseo de la Reforma en medio de su aparato de seguridad.
Apenas a unas cuadras del sitio en que, un domingo, casi 50 mil jóvenes gritaron con todas sus fuerzas “¡Fuera Peña!”.

El son de Josefina


21 de mayo


PUERTO ESCONDIDO.- La brisa atenúa el hervor de cabezas en la playa Zicatela, considerada el tercer sitio más importante en el mundo para la práctica del surf, en Puerto Escondido, y la estrella local Álvaro Monterrubio, acompañado por la Banda Santa Cecilia, se desgañita en corridos de pistoleros famosos.

Poco después de que arribara el contingente de la comunidad negra de Pinotepa Nacional y de que unos danzantes ejecutaran el baile Diablos de Collantes, donde una mujer es rodeada por diablos, llega de Ejutla Josefina Vázquez Mota, ya acalorada, junto a los candidatos al senado y a la diputación federal, Diódoro Carrasco y Martha Reyes, ex priistas. A la distancia, Xóchitl Gálvez.

Ya para ese momento, las siete de la tarde, las casi 3 mil personas, en su mayoría mujeres y ancianos (el animador no se mide: habla de 20 mil asistentes), se evaporan por la espera en sus sillas de plástico. Los banderines panistas hasta lucen lánguidos y, la gente, usa las playeras que les han dado para secarse el sudor.

Ahí su equipo montó, desde luego, un escenario con el embravecido mar de fondo, y desde cuatro horas antes de su arribo comenzaron a llegar decenas de camiones y camionetas, hasta con publicidad de AMLO y de Peña Nieto, con gente de Santa María Colotepec, Candelaria, San Miguel del Puerto, Pluma Hidalgo, San Pedro Mixtepec, Santo Domingo de Morelos y Pinotepa Nacional, entre otras comunidades y municipios. Si alguien se pregunta por qué la gente de la aspirante presidencial optó por Puerto Escondido, de apenas 20 mil habitantes y situado en dos municipios, basta con saber que es el punto medio que linda, a dos horas, con la sierra y la costa, respectivamente.

El ex Gobernador de Oaxaca, quien no dio mensaje, presenta a Edgar Miguel, un simpático muchachito de escasos 5 años que entona con su voz de gorrión una canción en apoyo a Josefina, quien luce feliz a escuchar al chispeante Miguelito.
Toca el turno a Josefina. Mensaje de siempre (incluida la anécdota de ella trabajando en el negocio familiar, de pie en una lata de pintura) y dedicado en mucho a las mujeres. Tras evocar una temporada juvenil de tres meses en Oaxaca, promete concluir la carretera de Puerto Escondido a la capital oaxaqueña, que ya está en proceso, y reforzar la infraestructura turística para que se le quite lo “escondido” al puerto. También, bachillerato para los chicos y lo de las computadoras con acceso a internet.

Cuando habla de su proyecto de escuela de tiempo completo, los niños gritan: “¡Noooo!”, y al decir que no ha olvidado a las viudas y que le digan qué desean, las mujeres exclaman con todas las ganas: “¡Un maridooo!”. Para qué preguntaba.

La candidata se adjudica el Seguro Popular, que por que un hombre le dijo que gracias a éste salvó su vida. Dice que ella lo mantendrá, que pagarán las medicinas (propuesta Verde) y que mantendrá Oportunidades. También, reitera que lanzará el programa para gente de 70 años y apoyos para quienes cuidan a familiares con discapacidad.

Cuando habla de cadena perpetua a políticos cómplices de la delincuencia, le da un rozón a Ulises Ruiz: “si hay algún ex gobernador, que rinda cuentas”, dice. Se esperaba más.
Enseguida, repite lo que, según ella, decía un viejo panista (¿AMLO?) sobre las dádivas de los rivales: “tomen todo lo que les dan, pero voten”, en referencia a los bultos de cemento, las láminas y demás prebendas. El PAN ni eso: puras banderitas.

Al término del olvidable mitin en Puerto Escondido, en el que pide a cada uno 10 votos más, la candidata del PAN a la Presidencia Josefina Vázquez Mota acepta la invitación de un grupo de danzantes y, descalza, baila con ellos el “Son de Artesa”, uno de los típicos de la región.

La candidata, descalza y sudorosa, hizo los pasos con cierta gracia. Al término, le pidieron Pinotepa Nacional, otro son inspirado en este pueblo oaxaqueño, pero Vázquez Mota se retiró del lugar, dejando molestos a chicos que esperaban desde las siete de la mañana para presentar un repertorio de danzas.

“Este sol es la mejor advertencia de la victoria”, dice antes de partir, en alusión al imponente atardecer.

Los asistentes, hastiados por la espera y el evento, miran hacia donde señala el dedo de la candidata. Pareciera que sólo miran al mar. 

'¡Esta es la encuesta!'


19 de abril

En la que viene a ser la primera gran marcha organizada desde redes sociales en México, los jóvenes enfocaron sus baterías contra un solo objetivo: Enrique Peña Nieto y el PRI

DF.- Los primeros en llegar hacia las nueve de la mañana al Zócalo son Georgina Flores y Fermín Hernández, el primero dedicado a cortometrajes, ella estudiante en la UAM. Llegaron porque alguien les dijo que lo hicieran, que la Marcha AntiPeña iba a estar “bien chida”.
Los chicos, que miran aburridos a un grupo teatral de la Luz del Mundo, que grita algo parecido a que la desobediencia también es amor, y a un grupo que defiende los derechos del actor Rogelio Guerra, están sentados bajo la bandera gigante.

“Vamos a ver de qué se trata esto, porque ni votar tengo pensado”, sonríe el chico y Georgina parece no escucharle. Otro chavo del Estado de México dirá que en Tecámac, su municipio, los priistas están pagando mil pesos por voto, que su padre fue golpeado por ellos al volantear en su contra y que a él le ofrecían 10 mil pesos por que su grupo de rock tocara en sus eventos. Se negó.

A la sombra del asta inmensa comienzan a formarse los recién llegados. Todos traen horas distintas de la cita. Desvelados, comienzan a mirar hacia todas partes y, a excepción del ruido de los carros, la música del organillero de Catedral Jonathan Iglesias, a quien acompaña su padre, Alberto, era lo único armonioso en aquella mañana que prometía sol a plomo. Este hombre, experto en artes gráficas y vecino del Estado de México, dice que “ni madres” que va a votar por Enrique Peña Nieto. El PRD, el PAN. El que sea.

“Tremendos baches, vieran como están. Qué voy a votar por él”.
En torno al asta van congregándose cada vez más. Unos toman la iniciativa de empezar a dictar medidas de seguridad: en caso de provocaciones, no responder y sí sentarse en el suelo para evidenciar a los que agreden. Los de la voz tienen que repetir las instrucciones varias veces porque los que venden” sombreros mágicos” y “películas clonadas” pegan de gritos en torno suyo.

“Nuestro voto no vale una despensa”, grita un apasionado orador. “Nuestro voto representa el futuro de México”, Aplauso. Otro dice que hay que participar en los comicios yendo a cada casilla y tomando fotos de todo lo anómalo que se descubra. David Silva, trabajador de Mexicana, aprovecha la presencia del grupo para hablar de la problemática de la aerolínea. Los chavos, al final, le aplauden.

Comienzan los primeros gritos que volarán sobre el contingente: “¡Ni un voto al PRI, ni un voto al PRI!”. Ya hay una multitud importante, los del SME se mantienen a lo lejos, aunque lanzando sonoros cuetes al aire, y en eso llega el vocero del CEN del PAN, Raúl Reinoso, y junto a otros despliegan la manta “Las raterías del PRI y Peña Nieto llevarían a México al despeñadero”. Aunque ellos eran los de las camisetas Peña No Cumple y la misma leyenda en acrílicos, dicen venir “como ciudadanos”, aunque no representan una cantidad importante de los asistentes. La mayoría son de la UNAM, Poli, Ibero, UAM y otras instituciones. Del PRD, ni sus luces. Quizá la orden de no intromisión fue clara.

Contrario a los acarreados albiazules, los chavos terminan sus mantas y cartulinas en la plancha del Zócalo con frases ingeniosas: “Apaga la tele, abre los ojos”, “Peña Nieto: los que leemos no te queremos”, “EPN: la tele es tuya, pero las calles son nuestras” y “Vine por mis huevos, no vine por mi torta”. Otras de plano son bastante soeces contra el aspirante presidencial y, muchas más, contra Televisa. Algunos meten cuanta causa se les viene a la mente: Atenco, Campo Algodonero, feminicidios en el Estado de México.

En un santiamén, el puñado de asistentes se convierte en miles y cubre casi la totalidad de la plaza. Tras ponerse de acuerdo cómo avanzar, la muchedumbre empieza su camino hacia las 12:30 por Madero, luego Cárdenas, enseguida Hidalgo y, más adelante, Reforma. La meta es El Ángel.

Conmueve ver a un chico a lo largo de la marcha con un libro abierto en lo alto: “Trece Cuentos Escogidos”, de Edgar Allan Poe. No da su nombre, sí su razón: “Yo sí leo. Aquí todos leemos”. De hecho.

El contingente provoca una simpatía inmediata. Los carros, detenidos a la espera de su paso, los apoyan con su claxon, con gritos y brazos en lo alto. Un grupo de charros que desfila a caballo en sentido contrario a la marcha se detiene y hace que sus animales hagan cabriolas. En tanto, los camiones de carga resoplan sus potentes cláxones, también en apoyo. Los asistentes les gritan “¡Únanse!” a los que les expresan apoyos y les toman fotos con celulares. Muchos así lo hacen y otros ya llevaban rato esperando en los distintos cruceros para integrarse a la masa que lleva, en cantidades industriales y hechizas, máscaras de Carlos Salinas y copetes a la manera del candidato priista.

“Son puros muchachos”, le dice sorprendido un viejo al que parece es su esposa.

“Ay, qué bueno. El Peña ése no me da confianza”, dice la mujer. “¨No dejen que regrese el PRI!”.

Pasa a su lado Gabriela García, quien en silla de ruedas participa en la marcha.
“Yo tengo memoria, por eso estoy aquí”, afirma, alegre. “No quiero que el PRI vuelva”.

Los gritos “¡Ni un voto al PRI!” y “¡Fuera Peña!” son los más repetidos entre estos jóvenes que, en primera instancia, no aparentan ser acarreados. De hecho, no se conocen entre sí, llegan en pequeños grupos de varias partes y no saben qué va a pasar en El Ángel.
Éste es el momento en que Paseo de la Reforma está cubierto de manifestaciones. Son ya las 14:00 horas y, las cifras oficiales, serán de casi 50 mil asistentes. Todos en edad de votar. Muchos, ya se ha dicho, por primera vez en su vida.

“¡La prole te saluda, Peñaaa!”, grita uno y todos silban una mentada de madre al sol del DF. “¡La revolución jamás será televisada!”, agregan otros. Al grito de “¡Fuera Peña!”, algunos mencionan los nombres de Josefina y Quadri, pero esta no es la tarde de ellos.

Los vendedores canturrean sus ofertas al paso de los manifestantes: “¡Refrescos y tostachos para que aguanten la marcha!”, pero en ese momento, en el entrecruzamiento de cantos, uno impera: “¡Hay que estudiar, hay que estudiar, porque el que no estudie como Peña va a acabar!”. También, que las encuestas y las televisoras mienten.

Los jóvenes, como en alfombra kilométrica y colorida, van rodeando al fin El Ángel. Un letrero encierra la gran paradoja del tiempo actual en el país: “Pobre México: tan cerca de las elecciones y tan lejos de la democracia”. Las vivas hacia la Ibero, origen del rechazo hacia Peña, son constantes, lo mismo que la de “¡Poli-UNAM juntos vencerán!”. No faltan las porras típicas de estas casas de estudios.

Desde El Ángel, Paseo de la Reforma se ve lleno. Los chavos, que por primera vez en México desde una trinchera virtual se convocan a sí mismos y se reúnen en miles, corean antes las cámaras y micrófonos: “¡Esta es la encuesta!” y “¡Aún estamos a tiempo: fuera Peña Nieto!”. Es difícil no sentir una emoción intensa ante la convicción y entusiasmo de estos jóvenes, sobre todo cuando se ponen a saltar y hacen vibrar el piso: “¡El que no brinque es Peña, el que no brinque es Peña!”.

Carlos Fuentes, recientemente fallecido, es ahora un icono estudiantil. Por todos lados están sus palabras hacia la ignorancia de Peña. “¡Si Fuentes viviera con nosotros estuviera!”, exclaman. Inédito. Al otro lado, una pantalla gigante transmite imágenes, por cierto de la vituperada Televisa, sobre Tlatelolco y Atenco. Los operadores dicen que no saben quién les pago. Unos ahí presentes dicen que fue el PAN, que por más que intenta capitalizar el evento no luce en la marcha y sí incumplió en respetar el carácter ciudadano de la manifestación. Fue el único partido en hacerlo.
Pasan los minutos. Los chavos no paran de caminar en torno al Ángel y de saltar y gritar. Luego, comen fritos y frutas y beben aguas. Fuman. Están contentos. En general, dicen, todo ha salido mejor de lo que pensaron.

“Esto es el inicio, nada más el inicio”, comenta Pablo Flores, estudiante de la UNAM. Sus compañeros celebran la frase.

No hay líderes, sin embargo. No hay oradores. Todo es cántico y consigna. Pasan los minutos, los chavos se miran unos a otros y Juan Carlos, de la UNAM, le pregunta a un amigo de la Ibero qué sigue.

“¿Cómo que qué, güey? ¡No votes!”, dice y se carcajea.

El muchacho se lo piensa un poco y no despega la mirada de sus compañeros de medicina, reunidos a la sombra de un árbol, celebrando este día de consignas en tenis y mezclilla.

“No, sí voy a votar”, responde Juan Carlos.

“¡Por Peña no!”, grita su amigo.

“¡Claro que no!”, responde el unamita, ofendido.
Hacia la tarde, El Ángel brilla igual que todos los días, las quinceañeras posan en sus escalinatas y los estudiantes se reúnen en cafés y restaurantes cercanos. Excitados, celebran su éxito. También, discuten sus tareas, sus trabajos en equipo.

Vuelven, pues, a su normalidad. Por ahora.

Tambores de guerra


17 de mayo (con Pedro Diego Tzuc)

MOTUL, TICUL.- La figura delgada de la candidata a diputada por el PAN Mariana Cruz dio el primer grito de guerra en Motul: “los anuncios y lonas no votan”.
Y agregó: “Ivonne Ortega ha sido lo peor que le ha podido pasar a Yucatán, más que cualquier fenómeno natural”.

Más tarde, los panistas le mandarán decir a la gobernadora cuánto es la deuda del estado y dónde está.
De vestido azul y cinturón de motivos indígenas, Josefina Vázquez Mota le aplaudía complacida a la joven Mariana. Aquel reto le habrá recordado a ese viejo PAN de las marchas, el de las calles tomadas para pedir democracia.

Joaquín Díaz Mena, el famoso Huacho, candidato a Gobernador, alertó con su voz simpática de sujeto que pareciera haber inhalado helio de un globo que no hay que votar por un partido opuesto al albiazul: de hacerlo, se condenaba a los hijos a la miseria.
Algo parecido dijo Josefina horas antes en su comida con cientos de comerciantes en Mérida: peor que las crisis sería el regreso del PRI.

“Hace 18 años salimos a las calles por el mal manejo. Hoy estamos frente a una disyuntiva más grave y peligrosa. No hay crisis económica, pero tenemos un problema mayor”.

El regreso de “la pandilla”, pues, como ella les ha llamado a los priistas, representados en los gobers polémicos: Montiel, Marín, Moreira. Etc.

Antes de la comida con canacos, Josefina dio un encendido mensaje ante miles de mujeres, pero no resiste dictar sus cuentos morales. Pidió a las mujeres cerrar filas en torno a ella y, a los jóvenes, su primer voto por una presidenta.

Más tarde, ya en la comida con comerciantes, en la que se sirvió vino tinto y blanco, dejó entrever, como no queriendo, su propuesta de generalizar el IVA a excepción de cierta canasta básica. Nadie se dio por enterado.

Corrían las horas. En el evento en la plaza principal de Motul, por la tarde, estaban el ex Gobernador Patricio Patrón Laviada, y Ana Rosa Payán, figura emblemática que, dice Josefina, la ha apoyado todo el tiempo.

En las arcadas del anaranjado palacio municipal de Motul, un grupo de chicos que conforman la banda de guerra local le da un aire guerrero al pueblo, hoy de 35 mil habitantes y cuna del caudillo Felipe Carrillo Puerto, que fue el corazón de la era dorada del henequén, pero que de tanta explotación terminó por quedar miserable.

El resultado del auge, por otra parte, se puede ver en las mansiones bellas pero opulentamente groseras de Paseo Montejo, en Mérida.

Josefina, como no queriendo también, dio su postura sobre el reciente caso de militares involucrados en escándalos: hizo un reconocimiento a las fuerzas armadas, pero como en toda institución, aseveró, al que infringe la ley se le debe aplicar. Aplausos.

Encendida, la aspirante presidencial, otrora gris legisladora, invitó a construir el “mejor siglo de la historia” al votar por su partido. La gente de Motul estaba realmente entregada con porras y aplausos. Josefina, por su parte, cada vez se le ve disfrutar más de los masivos.

Le dio por su lado a las “mujeres guerreras” de Motul: “somos más de la mitad del padrón electoral y somos las mamás de la otra mitad del padrón electoral. Si me acompañan, ¡ya ganamos! Si las mujeres me dicen que sí ¡ya ganamos, no tengo la menor duda!”.
No se quería despedir, dijo, pero había que ir a Ticul. “Me cuesta mucho trabajo irme de Yucatán, me cuesta mucho trabajo decirles hasta pronto, por eso les digo: ‘yo no me voy de Yucatán, yo me llevo a Yucatán conmigo’. Me quedo en su alma, en sus sueños, en su aliento.

“¡Vamos juntos por un México posible! ¡Por el gobierno más ciudadano de toda la historia de México!”. En verdad no es para tanto.

Casi hora y media, a toda velocidad, Ticul. Conocida como la Perla del Sur, es una ciudad con casi 40 mil habitantes y caracterizada por la producción de calzado para dama y su alfarería. Con la vecina Muna integra el inicio del corredor agrícola de la entidad. Las naranjas y los chiles habaneros son lo máximo aquí y, en cuestión de lenguaje, mucha población es mayahablante.

Hasta su plaza principal rodeada de esculturas de venerables figuras mayas llegaron Josefina, sus partidarios y la lluvia, que parece no quiere abandonarla en los más recientes masivos.
También, los de los tambores. Ésos que enfatizan la oratoria de la candidata.

Mensaje fugaz. Josefina retoma lo dicho por la candidata Mariana y dice que los de “enfrente” tiene anuncios, pero que éstos no votan sino el corazón. Convocó al apoyo, prometió triplicar guarderías, becas y otras propuestas ya reiteradas y se despidió en menos de 20 minutos.
La gente, motivada, gritaba, coreaba y tomaba fotos. La jornada, sin embargo, había concluido. Muchos se quedaron con las ganas de seguir escuchando ese discurso que le suele salir bajo la lluvia. Otros llegaron tarde, pero finalmente se fueron con banderines, tortilleras y demás artículos con la leyenda “Josefina Diferente”.

Ni tan diferente: los mismos modos de sus rivales para una campaña que, aunque anuncia guerra con tambores, no acaba de provocar ni de ser tan frontal como se dice.

Despertar bajo el agua


15 de mayo


CAMPECHE.- Cuando Yolanda, una de las asistentes al encuentro ciudadano con el que Josefina Vázquez inició su jornada ayer en Campeche, le dijo en su turno al micrófono que debía ser más agresiva porque veía su campaña muy apagada, textual, algunos de los presentes vaticinaron, de nueva cuenta, un día negro para la candidata.
“Dígale a sus coordinadores que se pongan las pilas”, pidió la mujer, al parecer preocupada de manera honesta por el rumbo de la campaña panista, y Josefina le sonrió.

“Claro que sí”, musitó entre aplausos del público, en su mayoría mujeres, que asistió este día al casino de Ciudad del Carmen. Ahí, entre esposas de petroleros aburridas que amamantaban a sus hijos, comían fritos o les tronaban los globos en las manos que algún inconsciente les repartió quién sabe para qué, Josefina prometió lo de todos los días y se dijo diferente a los corruptos.
Sin embargo, como si las palabras de Yolanda le hubieran servido de aguijón, de pronto calificó a su rival Enrique Peña Nieto de no tener vergüenza al pedir investigar a Humberto Moreira, cuando éste fue el que lo ungió candidato presidencial, y pidió impedir el regreso de la “pandilla” (caló lopezobradocista) en referencia a los priistas, entre ellos al puñado de gobernadores polémicos: Marín, Ulises, Montiel y el mismo Moreira.

Para finalizar, Josefina instó a redoblar esfuerzos azules: “No tenemos ni un día que perder, cada día cuenta y no regresa. No lo hagan por Josefina Vázquez Mota: háganlo por sus hijos, por sus familias. Salgamos a cada cuadra, a cada casa, a cada rincón, porque no hay mejor promoción que la de boca en boca”.

Ya para entonces, La Jefa, como les gusta a sus asesores que le digan, habrá tenido noticias del dardo mañanero de su archienemiga Elba: en pleno día del maestro la llamó vil. Tocó el punto en entrevistas con medios locales, pero no tanto: es evidente que la idea no es hacer de la campaña un ring. Simplemente es traer a colación, a la hora de los discursos, a su villana favorita.

Por la tarde, durante una comida en la capital del estado con empresarios campechanos que degustaron pan de cazón y en la que no faltaron los memorizados pasajes humorísticos de motivadora profesional que la hacen ver de todo menos de candidata presidencial, Josefina habló de que Campeche merece un nuevo aire en su industrialización pesquera, petrolera y turística. Al término, se dio tiempo para darle un “llegue” a Elba, lamentar la muerte de Carlos Fuentes (por quien pidió un minuto de silencio en la comida, aunque nada dijo de que, en vida, el autor de La Región Más Transparente no daba un peso por los candidatos principales) y negar, una vez más, que su coordinador Roberto Gil vaya a salir del barco que, para algunos, todo el tiempo hace aguas y parece ir en picada.

Ya en el cierre de su jornada, en el zócalo de Campeche, un chubasco impresionante se dejó venir y los organizadores se miraban unos a otros viendo a dónde correr. Pero Josefina actuó distinto: en compañía de candidatos locales, caminó hacia el escenario saludando con ambas manos, en tanto su corto cabello se escurría sobre su rostro y, de su vestido blanco, salían arroyos.

“Esta lluvia es buen signo”, gritó, diferente. Es signo de que ganaremos la elección con el voto de todos los mexicanos“.
La Jefa había llegado. Los cerca de 3 mil simpatizantes y acarreados se aproximaron al escenario y la escucharon hablar durante más de 20 minutos. Lo hizo pausada, tranquila bajo el diluvio. Habló de los apoyos que vendrán, en caso de ganar la Presidencia, para los estudiantes, para las madres solteras, para los hombres que buscan empleo. Sin muletillas ni frases exageradas, la gente, por lo menos en esta ocasión, la escuchó.

Esa tarde, Josefina prometió porvenir, ahora sí, con el agua hasta el cuello. Parecía otra.

Al pie del WTC


 6 de mayo 

DF.- Manos levantadas, sonrisas. Todos ponen cara de ganadores a su llegada al primer debate al World Trade Center. Enrique Peña Nieto trae una corbata de rayas en la que no renuncia al rojo. Josefina Vázquez Mota, a medio cristal, lleva traje y se ve maquillada en exceso hasta traer chapas.
Andrés Manuel López Obrador, de traje oscuro, llega sonriente, y Gabriel Quadri, de mirada severa, también de negro, parece concentrado.

Los candidatos a la Presidencia de México llegan puntuales a sus horas respectivas a partir de las 18:00 horas. Con ellos, sus invitados y asesores.

Los primeros en llegar ayer a los alrededores del WTC son los del movimiento #QuitaAnuncios, esfuerzo civil que combate el pendonismo. Que los más sucios son los del PT, dicen, porque sostienen toda su propaganda en puros plásticos.

Más allá, el tradicional Tianguis de la Nápoles, a unos pasos del complejo. Ahí, sin dejar de atender a sus potenciales clientes, habla una de las locatarias.

“La verdad es que ya ni friegan, porque una bien que está aquí desde las cuatro y media de la mañana y no fueron para avisarnos días antes de que no podíamos venir.

“Orita en la mañana vino uno a decirnos que no íbamos a poder estar, pero pues tanto le insistimos que nos dio chance pero nada más hasta las cuatro y sin cerrar la calle”.
Que para qué debaten los candidatos sobre cómo sacar a la gente de la pobreza si lo que hacen no permiten trabajar a los demás, filosofa.

Una de sus compañeras le dice en voz baja que ya no esté perdiendo el tiempo. El dicho de la locataria lo confirma Iván, hijo del delegado que organiza a los 300 puestos del tianguis en el que las fritangas, las sesiones de maquillaje, la ropa y los accesorios de celulares son los fuertes.

“Lo bueno es que no dejaron trabajar, comprendieron, porque ya estábamos aquí con todas las cosas”, comenta el chico son dejar de freír las doradas.

Ellos se van usualmente a las ocho, pero ni hablar, la vialidad será cerrada y a ellos no se les permitirá estar más allá de las cinco. Los candidatos presidenciales necesitan espacio, les dijeron, lo mismo la vigilancia estimada en decenas de federales y policías capitalinos.

Los comerciantes sobre la calle Minnesota, frente al acceso del Pepsi Center por donde ingresarán los aspirantes y sus equipos, llevan padeciendo más tiempo la incomodidad. Las vallas de seguridad se las pusieron desde el viernes y esa vialidad se mantendrá cerrada desde las cuatro hasta las once de la noche.

“Y todo para que repitan lo mismo de hace un mes, oiga, como que no”, afirma el empleado de un hotel ubicado al frente del WTC.

Desde temprano, la vigilancia es intransigente: nadie puede caminar por la acera aledaña al complejo capitalino ni andar por en medio de la calle. Por la acera de enfrente, nada más. Les han dicho, según uno de los oficiales, que las medidas deben ser extremas, por ello la revisión exhaustiva de los autos que ingresan al estacionamiento y los filtros de seguridad en el acceso del recinto que, el próximo viernes, Bob Dylan llenará con su música legendaria. Los de una expo de instrumentos dental, en tanto, deben abandonar el recinto antes de que comience el debate.

Algunas tímidas simpatizantes de Josefina son las primeras en rondar hacia el mediodía el WTC, repartiendo volantes. En tanto, los peatones que circulan al frente del edificio hablan del candidato de su preferencia pero, al llegar a la esquina y dejar atrás el operativo de seguridad, el tema ya es otro. La discusión electoral de los de a pie, pues, dura dos cuadras.
“¡Payasadas!”, grita uno al que le molesta que lo suban a la banqueta y no poder caminar por la calle.

Los federales comen a escondidas, bostezan como leones y se les van las miradas aburridas en las faldas cortas de las chicas que pasan. Los equipos de los candidatos llegan a cuentagotas. La expectativa es alta.
Al rato llega Eusebio Gómez, un desempleado de 69 años al que dizque le nació hacer muñecos del candidato priista: “Peña Man”, les llama, y los vende a 220 pesos.

“A lo que ha llegado el PRI”, dicen con suspicacia algunos mirones.
En eso, simpatizantes del tricolor, llamados Chaviza revolucionaria, llegan con porras. Serán los mismos que, ya con los candidatos en el debate, se enfrenten con perredistas. Parece que las cosas se saldrán de control: hay empujones, mentadas de madre y alguna que otra patada. Los federales llegan de inmediato, los priistas se van pero en eso arriban los panistas. Nueva batalla de consignas, porras.

“¡No más Bejaranos, no más Bejaranos!” y “¡Josefina, Josefina!”, gritan los albiazules, y los de la izquierda gritan “¡No más sangre!” y “¡Es un honor estar con Obrador!”.
Los de la izquierda, de menor número, desisten, se ponen a ver el debate en una manta en la que se proyecta el programa. Los panistas echan porras cuando habla AMLO y los de la izquierda le bajan al volumen cuando habla Josefina Vázquez Mota.

Hay gente de Texcoco que demanda con cartulinas que el gobierno de Felipe Calderón frente “su guerra”. Por su parte, reporteros sostienen una manta: “Alto, no disparen. Protesta pacifica por los periodistas asesinados”.

Los colegas políticos de los candidatos se sienten en alfombra roja y no quieren dar declaraciones. De los primeros, Pedro Joaquín Coldwell, Beatriz Paredes, vestido de súper rojo y súper contenta. A los panistas se los trajeron en el Pinabus, pero Ernesto Cordero llega barriéndose lo mismo que Margarita Zavala.

Nico, el asistente personal de AMLO, revisa personalmente en el vestíbulo del WTC la lista de invitados.

Ya adentro, los candidatos en debate se tiran con todo y cartulinas que, como magos, van mostrando. Sus equipos se habrán estrujado las manos frente a los golpeteos, lo mismo que la parentela de Josefina y la de Peña, aunque la hija del candidato, mimada, saldrá bailando al término del debate a ritmo de las canciones que hablan de su papá.

Curtidos en batallas, quizá no sudaron mucho los colegas de AMLO: salieron frescos y sonrientes como llegaron Elena Poniatowska, Laura Esquivel, Rosario Ibarra de Piedra, José María Pérez Gay, pese a andar en silla de ruedas y con collarín, y Juan Ramón de la Fuente.

De Josefina, salen sin decir nada Gustavo Madero y Santiago Creel, quienes al entrar al edificio antes del debate pasan imperceptibles ante las porras que sostienen Xóchitl Gálvez e Isabel Miranda de Wallace. De Quadri nadie dice nada y de Peña sólo habla Beatriz Paredes. A nadie se le ve la derrota por venir en el rostro. Son días de ilusión.

Tan pronto termina el debate, el primero en salir es Peña a toda velocidad. AMLO, por su parte, sale a pie. Empieza el rechinar de vallas por su retiro inmediato.

“¿Cómo quedó?”, le pregunta un federal a otro.

“Ps, ni sé, que ganó Obrador.  Ya chale con ése, otra vez”.

“No, güey, el partido, Tigres-Morelia?

“Tres cero Tigres”, pone cara de fuchi.

“Chin”, lamenta el otro oficial.
En realidad el marcador quedó 4-1. Tigres.