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El Hidalgo del PRI, la Santa muerte y todas las derrotas

15 de abril (con Jorge Escalante)


GUANAJUATO.- Antes de iniciar ayer el arranque de campaña de Juan Ignacio Torres Landa como candidato del PRI a la Gubernatura de Guanajuato, con Enrique Peña Nieto de estelar, José Luis Caballero está sentado y comiendo papas fritas en uno de los peldaños de piedra de la Alhóndiga de Granaditas.
El gentío pasa a su lado y observa a un exótico por su barba desordenada, por lo desdentado, por la camisa verde y el pantalón azul y por su sombrerito de palma. José Luis, en cambio, al recorrer con mirada bovina a los acarreados, los banderines, los aplaudidores y los botes de plásticos tirados en el piso, contempla a la Patria.

“¡Todos estos son los patriotas, los del PRI; los demás, los conservadores, son puras mamadas!”, sentencia y la raza le celebra. No hay nadie que vea en él a un fiel soldado del PRI. Así se dice él.
José Luis tiene “100 años menos 31”; ha recorrido el país promoviendo al tricolor y nadie le ha dado un peso, enfatiza. El viejo llegó temprano a la explanada de la Alhóndiga descascarada y quiso ayudar a poner vallas y acomodar gente, pero no lo dejaron.

“Siéntese nomás”, le dijeron. “Ya va a llegar el candidato”.

Pero no era cierto. La cita era a las once y el evento empezaría a las doce, pero el acarreo empezó desde las nueve. Grupos de Silao, Irapuato y Pénjamo toman asiento dóciles en la escalinata de la histórica mole mientras el mariachi Santa Rosa y un tipo que imita a Vicente Fernández intentan hacer la mañana más amena. El público agita los objetos promocionales. Si alguien quiere darse una idea de cómo los partidos tiran el dinero público, vean una plaza después de un mitin.

“¡Desquiten, desquiten!”, les grita un acarreador a la bola de Apaseo El Alto y la raza sube en automático mugres que agita rápidamente. Por la pantalla pasan las canciones fastidiosas de Peña, en tanto el viento ligero mueve los pendones del candidato estatal, a quien le llaman con el cursilón “Juani”. La tiene difícil: su padre fue gobernador, él quiso serlo contra Fox pero perdió y ahora vuelve a la carga, sin posibilidad de éxito.
El PAN lleva 20 años de gobernar Guanajuato y, aunque ha dado un puñado de interinatos y no muy buenos resultados, al parecer la tiene segura. Al parecer.

Más allá, un tipo con un collar con la imagen de la Santa Muerte al cuello y una playera roja con el logo del PRI se aproxima entre el gentío. Es Carlos Silva Sandoval, de Celaya, y de inmediato los de seguridad le prohíben vender sombrillas en papel para cubrirse del sol.

“¡Usted no puede vender aquí!”, le ordena.

“¿Por qué?, yo tengo permiso y soy militante del PRI”, contesta el sujeto, que dice estar afiliado al partidazo desde hace treinta años.

“Porque tiene ese amuleto, es de mala suerte y una traición a los católicos”, contesta bravío el guardia. El vendedor pide apoyo a la raza y por un rato vende sus dichosas sombrillas a 15 pesos. Sólo venderá 50 de las 200 que cargaba,
“Yo soy priista y si quieren les muestro un altar donde tengo la fotografía de Enrique Peña Nieto y a un lado la imagen de la Santa Muerte”, comenta. “Es para que gane, da buena suerte”. Insólito.

En eso llega un montón de gobernadores, qué duda cabe, acarreados para hacer fuerte a “Juani”: Aguascalientes, Querétaro, Quintana Roo, Tlaxcala, San Luis Potosí, Durango, Tamaulipas, Hidalgo. Se dejaron venir también Pedro Joaquín Coldwell, Emilio Gamboa Patrón y Manlio Fabio Beltrones, que con su camisita crema y sus canas subraya su perfil de músico de requinto. Les sigue la imponente Beatriz Paredes, quien con su celular al oído, sus lentes oscuros, gorra del PRI, pantalón caqui abajo y mocasines negros es un modelo de investigación científica. De no ser por la bolsita pequeña que lleva entre sus manos, donde quién sabe qué guardará, el lado humano estaría ausente.
Peña llega con “Juani” y no le hace el feo andar con un virtual perdedor, de acuerdos a sondeos. Los 40 minutos de cajón de saludos, besos y fotos transcurren pesadamente, aunque ya mero perdia pisada en la Alhóndiga. De ser alimento, los mítines del priista serían una Big Mac: todos se ven y saben iguales.

Ya en el presidium, “Juani” habla de sus buenas intenciones. Viento. Tras malabarear con el micrófono, Peña se arranca con sus 20 minutos de mensaje y se va de lleno contra lo dicho el sábado en León por Josefina Vázquez Mota, que de perder el PAN la Presidencia se perdería también el siglo 20. El priista, quien se inventó un nuevo gentilicio: “guanajatenses”, revira: lo perdido son los doce años azules y que los del actual régimen tienen “óptica patrimonialista” al no querer dejar el gobierno. Que ya basta de improvisaciones.
Lo Big Mac del evento, sin embargo, se poncha: Peña no firma compromiso y se queda montado el toldo del show. Enigma. Y vienen los 40 minutos de saludos: hasta hace a un lado a los escoltas para que las chicas le tomen fotos.

A lo lejos, José Luis vuelve a la carga: “¡Viva Peña Nieto! ¡Viva la sangre joven! ¡Él nos sacará de problemas! ¡Abajo los conservadores!”. Peña habrá mirado sus barbas encanecidas a la distancia, pero la agenda apremia. Adiós.

“¡Viva el cura Hidalgo, viva Morelos, viva Allende!” grita subido a una reja el apasionado Hidalgo del priismo. Agitado, uno espera que se vaya a desvanecer. “¡Viva Aldama, viva Juárez, viva Zapata!”.

Los contentos por el saludo de Peña y los decepcionados al no conseguirlo, le aplauden al insurgente siglo 21. No hay historia de derrotas en Guanajuato que para aquel viejo valga en los próximos comicios entre “liberales y conservadores”.

Que ahora sí los panistas las pagarán todas juntas, agrega, que ya fue mucho. A saber.